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Por la Psicologa Mirna Segovia.

COLUMNA DE OPINIÓN.

Durante mi infancia y adolescencia, cuando mi padre me veía “echada” (como él decía) y habiendo considerado que mi tiempo libre de actividades había sido suficiente, me interpelaba a “ponerme en movimiento” con una típica frase: “¡ a veeeer , a levantarse y a ponerse a hacer algo!, ¡que así no se hace Patria!”. Ese “algo” implicaba ayudar en las tareas domésticas, estudiar, o simplemente “encontrar” una tarea productiva para realizar.

Indefectiblemente para él, “hacer patria” era eso: descansar lo suficiente pero no dejarse tentar por el ocio, trabajar, estudiar, ayudar, producir, crear…y hacerlo lo mejor posible. Me lo demostró con su ejemplo.

Pero ¿qué es hacer patria?

Quien “hace patria” tiene amor a la nación donde ha nacido o a la que siente como propia; procura en el obrar y en el decir el bien de quienes la conforman, el desarrollo de la cultura y la ciencia, la justicia, la educación, el mundo del trabajo, la integración social (en su diversidad de religiosidad, lenguas, adscripciones políticas, etc.), entre otros aspectos.

Lucir una escarapela en el pecho o banderas en los balcones, en el mástil de la plaza o de una institución son una fachada falsa de patriotismo si desde el hacer cotidiano no contribuimos al engrandecimiento de nuestra ciudad, de nuestro país.

En los albores del 9 de Julio, pienso en los avatares que hemos padecido como pueblo para no desaparecer, para no ser “fantasmas” de una época pujante. Miro a mí alrededor, al que la pelea día a día para sobre-vivir, para crear, para sostener un camino de bien en beneficio de sí y de los demás. Entonces no puedo más que sentir orgullo por los vecinos de mi pueblo, esa gente de bien, hacedores de la patria de conducta horada, luchadores esperanzados, sobrevivientes de quienes quieren adormecer su voluntad de trabajo con políticas de dádiva y opresión. A todos ellos los abrazo en este día.

HACEDORES DE PATRIA

Abuelas, tíos o hermanos

meciendo las horas al cuidar

a un pequeño niño

para que mamá pueda estudiar.

Pescadores en el río generoso

que con esperanza salen a buscar

el alimento de cada día

en tan herido caudal.

Manitos tiesas sobre un banco de aula fría

que el sol de invierno no llega a calentar,

ternura del maestro es la que entiba los corazones,

entre juegos y risas los quiere cobijar.

Fogoso valor el de bomberos y rescatistas,

no hay dificultad que sofoque su afán

por cuidar la vida del vecino

arriesgando la suya por propia voluntad.

Médicos que no abusan de su gran ciencia

para con la medicina comerciar:

atienden a todos considerando sus carencias,

sin hacer distinción del que tiene menos o más.

Desgastadas la manos por las mañanas

van encendiendo fogones al cocinar;

y en las madrugadas las brazas ardientes

infunden calor a los hornos de pan.

Amasa sus sueños el ladrillero,

mezcla sudores en el pisadero,

y tras el ritmo esforzado de cada cortada

cocina su destino color alborada.

¡Cuántos hay luchadores de mi ciudad

a los que no amedranta el impedimento;

hacedores de la patria con trabajo honesto,

batalladores resistentes a los que la están destruyendo!.

Mirna Segovia, 07-07-2022

Fuente de la ilustración: página de facebook de la Asociación de BBVV de Santa Elena.

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