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Por la Psicologa Mirna Segovia.


Algo tan cotidiano como realizar la tarea escolar en casa puede convertirse en un momento de sufrimiento tanto para padres como para niños. Más aún en nuestro tiempo, en el que el mundo de “lo escolar” suele ser muy diferente a las experiencias escolares que los padres han tenido en su infancia.

Advertimos esa realidad durante el proyecto de investigación del que con la Prof. Lorena Pérez fuimos responsables. La experiencia consistió en acompañar, junto a estudiantes voluntarias del profesorado de educación primaria San Antonio de Padua, a hacer la tarea escolar en sus casas a niños con problemas para adquirir los contenidos escolares del primer ciclo de educación primaria1.

De los relatos de las familias y de las observaciones surgía que al momento en que algún familiar se disponía a hacer la tarea con los niños querían enseñarles como a ellos se les habían enseñado en su propia escolaridad o explicarles del modo con el que alguna vez habían logrado entender el tema. Las respuestas de los chicos al estilo: “¡ No te entiendo!”; “¡eso no es lo que dijo la seño”; “no sé, no sé”; “es que me olvido” …solían dejarlos con la convicción de que lo que intentaban hacer “no servía”.

Detrás de cada niño había una historia de intentos frustrados con los que la familia pretendía hacer cumplir a los chicos con la tarea. Si a eso se le sumaba el hecho de que la memoria de la propia historia escolar de los papás era a lo único que podían recurrir para ayudarlos con la tarea ( no podían pagar una maestra particular, por ejemplo), entonces las posibilidades de éxito se acotaban, pues sus formas de explicar no coincidían con las formas en que los docentes de sus hijos enseñaban . Con la impotencia surgía la frustración, la angustia y el llanto de los niños; el enojo y el grito de los papás…y a veces hasta algún coscorrón. Finalmente podía suceder que muchos papás abandonaran la ayuda a sus hijos, o que acabaran dándoles las respuestas “para cumplir” con lo pedido por el docente, o que la tarea se termine “a presión” haciéndose “a cuenta gotas” bajo un clima de hostilidad.

Esta es una realidad de la que no está exento cualquier hogar y que obtura el aprendizaje. El vínculo padres-hijos para hacer la tarea en casa se va tejiendo herido y se refuerza la asociación entre aprendizaje-desagrado-imposibilidad-desmotivación.

Realizar exitosamente la tarea escolar en casa no es “moco de pavo”. Nadie querrá ni podrá hacer lo que no comprende: ni padres, ni hijos. ¿Qué es lo que el niño debe realizar?, ¿cómo debe realizarlo? : son cuestiones sobre las que se suele dudar. En el mejor de los casos, si el niño que se dispone a hacer las tareas adquirió anteriormente los contenidos, si aprendió en la escuela lo dado, las hará sin dificultad. En muchos otros las tareas enfrentan al niño a actividades no aprendidas, no comprendidas, alejadas de su nivel de competencia curricular y ritmo de aprendizaje; de allí el cúmulo de dificultades que tanto él como su familia deberán afrontar en la casa al momento de hacerla. ¿Qué competencias necesita el niño para hacer la tarea en casa?, ¿las posee?

La comunicación eficaz entre padres y docentes es esencial para resolver problemáticas de este tipo. Ha de ser clara y precisa evitando dar situaciones por “supuestas” en relación a los interrogantes que planteé en el párrafo anterior.

Si algo nos ha enseñado el pasado año y medio de escolaridad con modalidad virtual es que la presencialidad física y emocional del maestro es irreemplazable para que los chicos aprendan los contenidos escolares. Es él quien con un modo particular de mediar crea curiosidad, motivación, valora, repasa, reinventa formas de explicar, crea conflictos cognitivos, estimula la superación de obstáculos.

La pandemia ha dejado instalado el whatsapp como vía de comunicación padres-docentes, padres-padres. Sin embargo en lo referente a la tarea escolar y los propósitos que ha de cumplir en el proceso de enseñanza y aprendizaje es imprescindible recomponer los canales de comunicación cara a cara entre familia y docentes de modo que se sostenga un intercambio que permita preguntar, averiguar, poner en conocimiento de lo que sucede en las casas al momento de hacer las tareas (familia hacia docentes) y en la escuela al momento de aprender lo que luego derivará en una tarea para la casa (docentes hacia familia).

Haber regresado a las escuelas es la oportunidad de retomar esos lazos entre familia y docentes utilizando a favor de los niños la riqueza que les dio el conocimiento mutuo durante la virtualidad. La presencialidad en las escuelas no será fructífera si no se evitan reproducir aquellos clichés de la educación pre-pandemia que ponían a familia y escuela en compartimientos separados alejados por mutuas descalificaciones. La presencialidad física por sí misma en las escuelas no es garantía de enseñanza ni de aprendizaje si los vínculos no son trabajados para que den a luz los modos “posibles” con los cuales los niños pueden aprender los contenidos escolares y con los que las familias pueden aportar a ese proceso, incluyendo el cómo ha de cumplirse con la tarea escolar.

Mirna Segovia

22-06-2022

1 Experiencia relatada en el libro “Acompañamiento pedagógico domiciliario”. M. Segovia y L. Pérez.

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