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RADIO UNO

De días laborables y feriados, en un escenario en el que la desocupación y el ocio pasan a ser los grandes problemas.

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Son muchos los que se quejan del hecho que estamos “atiborrados de feriados” y hasta cierto punto es así. De cualquier manera, no se puede generalizar, por cuanto ese “atiborramiento” tiene como contrapartida intensificar el ritmo de trabajo, para aquellos sectores de la actividad económica, a las que se beneficia, en mayor medida, durante esos días.

De donde para ellos “feriado” significa lo contrario de lo que sucede para el común, ya que el feriado es “un día en que se trabaja”.

Circunstancia que, en nuestra cultura cristiana, la asociamos con el hecho que según los libros sagrados Dios, luego de estar ocupado seis días en la Creación, llegado el séptimo “descansó” y a este último, nuestra tradición lo consideró como el “día del Señor”, dedicado a honrarlo y glorificarlo, algo que implícitamente, significaba la abstención en esa jornada de llevar a cabo cualquier tipo de trabajo.

En consecuencia, al domingo se lo instituyó como un “día festivo”, al que siguieron otros muchos que, al tener esa cualidad celebratoria, feriados, también rige la abstención de realizar cualquier trabajo.

Pero a su vez, puede advertirse que, de la palabra feriado, se deriva la palabra “feria”, con la que se hace referencia al funcionamiento de un “mercado” de mayor importancia que el común, en paraje público y días señalados. Donde el feriado era para los compradores y curiosos que concurrieran a la feria –y no para los feriantes-, en lo que hoy, para muchos de nosotros no sería sino algo parecido a un día de “shopping”.

Este es el momento de introducir una conjetura, cual es la de ver en las ferias un punto de inflexión, dada que su “festividad” quedaba despojada de toda connotación religiosa o cívica. Tal como ocurrió con la institucionalización de “sábado inglés”, anticipo del “sábado no laborable” para determinadas actividades, y la universalización del 1° de Mayo, como conmemoración del día del trabajo.

La revolución tecnológica con la irrupción de la robotización y la inteligencia artificial en nuestra contemporaneidad, fenómeno del cual estamos todavía en sus comienzos, lleva a que se asista a dos situaciones paradójicamente opuestas.

La primera de las cuales, la que ya se permite entrever, es la disminución de las horas y los días laborables. Es que ya se habla de jornadas de trabajo de cuatro horas y semanas laborales de cuatro días. Un fenómeno que significa que los avances tecnológicos vienen a constituirse en “destructores del trabajo humano”, en un contexto en el que “nuevos desocupados” se suman no sólo a los que ya no tienen trabajo, sino que, más grave aún, muchos de ellos se han visto forzados por las circunstancias, a no trabajar nunca.

Ello no significa que nos encaminemos a un tipo de sociedad en la que el trabajo vea deteriorada su intrínseca “dignidad”, pero sí que sea necesario “dignificar el ocio”. Dado que si bien el ocio, es decir el “no-negocio”, es por definición el tiempo libre, en cuanto significa la ausencia de actividad laboral, no se puede pasar por alto que “hay diversos tipos de ocio”, tales como un ocio que puede ser alienante, un ocio consumista, un ocio creativo y un ocio enriquecedor”, para hacer corta la enumeración.

Por nuestra parte consideramos que el ocio creativo es un tipo de ocio enriquecedor, que se puede utilizar sin caer en el consumismo y que el ocio alienante es el dejar pasar la vida sin hacer nada, o tramando cosas malamente perversas. De donde, de lo que se trata es de la utilización del ocio de una manera enriquecedora, un meta nada fácil de lograr ya que junto a lograr el desarrollo humano de los nuevos y viejos marginados, el ocio pasa a ser un problema prioritario, al que por lo mismo no podemos dejar de atender.

Fuente: El Entre Ríos.

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