Inicio » PINTAME EL OTOÑO IRISADO.
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Por la Psicóloga Mirna Segovia.

Comienza el otoño y si te pidiera que imaginaras un paisaje otoñal es muy probable que se activen en tu mente imágenes con vegetación de tonos amarillentos o marrones con hojas cayéndose de las ramas esparcidas por la suave brisa. Quizás el panorama también esté conjugado con alguna llovizna y cielo un poco gris. Es que en nuestro imaginario, esta estación del año, suele estar asociada al despojo del verdor y de la floración de las plantas.

La educación sistemática que hemos recibido ha reforzado con ciertas prácticas (algunas aún perduran) esas representaciones, mediante consignas que utilizando clichés didácticos acotan y condicionan la mirada sobre el paisaje, en vez de propiciar el descubrimiento de la variada y rica dinámica que impone el otoño a la naturaleza en el terruño en el que vivimos. Todos hemos de recordar experiencias escolares donde por ejemplo se nos indicaba dibujar o pintar árboles con hojas secas, o salir a recoger hojas caídas de las ramas para después hacer collages; o ver láminas, leer textos y poesías o cantar canciones con referencias de similar contenido (hojas secas, ausencia de floración, ramas desnudas de follaje).

Don Linares Cardozo, en su libro “Júbilo de esperanza” alentaba a los docentes a recuperar con sus alumnos el color y la emoción tonal del paisaje, estimulando y afianzando con regocijo el descubrimiento de su Entre Ríos natal. Decía que la intuición y la visualización espontánea de la naturaleza son fundamentales en la escuela primaria “que tantas veces se deja llevar por imágenes ajenas a los verdaderos intereses del niño”. Son esas relaciones con lo regional las que se mantendrán latentes en el sentimiento y en el corazón del gurisito proyectándose a la adolescencia y al hombre adulto quien las reclamará desde la añoranza.

Como modo de propiciar el renacer del movimiento económico local hoy Santa Elena se proyecta como “ciudad paisaje”: una ciudad ecoturística. Nuestra hermosa localidad es un natural parque ecológico sin cercos y a cielo abierto donde a diario los pobladores locales y visitantes, gratuitamente, pueden caminar y disfrutar las bondades de la naturaleza. Cuidar el paisaje requiere avizorarlo desde su rica particularidad, adentrándonos en la emoción que nos da su genuina belleza.

Abramos la mirada al otoño experimentando la variedad y hermosura de la biodiversidad de nuestra entrañable región y eludiendo lo meramente imitativo (en la parquizacion de espacios públicos, en la producción artística, en la enseñanza) de paisajes que nos son ajenos.

¡Pintemos el otoño irisado, de este terruño que nos fue dado!

Mejor se los digo en versos…

Si queremos ahondar en nuestra identidad

dejemos de presentar al otoño de color marrón,

mejor develemos los tantos modos

en que la naturaleza muestra su color.

Una Entre Ríos color castaño

yo les puedo asegurar

que no verán ni en mil años

en ningún paisaje otoñal.

Si así la quieren pintar

han de ser pinceles de otros pagos,

habría que sospechar que son ideas

con las que se nos ha colonizado.

Nuestra tierra con su relieve ondulado

te brinda balcones para mirar

¡la iridiscencia que tiene su otoño

en montes, riveras y en el pastizal!

Los Ceibos extienden a marzo

de sus flores el cálido color carmín,

ha de ser para que no quede nostalgia

del verano que se debe ir.

No se queda atrás el Palo Borracho

de exóticas flores blancas, amarillas y rosas

que se elevan entre espinosas ramas

para en lo alto lucir airosas.

Sobre gramillas de infinitos verdes

flores silvestres mecen su colorido;

puedo nombrarte solo algunas

que has de apreciar en cada recorrido:

ramitos rosados tiene el Yuyo Amargón,

los lilas del las Falsas Chilcas encontrarás junto al arroyo,

Santa Lucía te abre su celeste corazón,

y las Lantanas sus ramilletes bicolor.

Clima agradable y tanta floración

¡cuántos paseos han de impulsar!

y en salidas el educador puede aprovechar

para la mirada descolonizar!:

comparar colores, formas y aromas;

con cartillas las especies identificar;

o en mañanas y atardeceres

la flora nativa fotografiar y dibujar.

La emoción del paisaje no se ha de separar,

se las necesita para “tierra adentro” educar.

¡Cantemos y pintemos al irisado otoño

de nuestra querida tierra natal!

Mirna Segovia, 18-03-2022

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