Inicio » EL HOGAR, “TAMBIEN” LUGAR DE PODER DE LA MUJER. EL VALOR DE LAS “RAQUELES”.
Compartir

Por la Psicóloga Mirna Segovia.

La mujer ha logrado ocupar lugares en la sociedad antes impensados.

El 8 de marzo se conmemoró el día internacional de la mujer. Especialmente en esa fecha se habla, se escribe y se declama sobre los derechos conquistados y los que aún quedan por alcanzar para las mujeres.

Revisando discursos suelo encontrar, con decepción, que en el afán por destacar los logros de las mujeres a través de la historia, en algunas oportunidades se recurre a argumentos que presentan a los lugares “dentro de la casa” y “fuera de la casa” como una antítesis, una polaridad con la cual encuadrar ámbitos y el significado de supuestos roles de la mujer. Así se equipara el sometimiento/ esclavitud con los que se desarrollan dentro de la casa (ama de casa- madre-esposa) versus los de libertad que se ejercerían fuera de la casa (calle -trabajo- academia).

Estas manifestaciones (con o sin intensión) caminan por la cornisa de la distorsión de la realidad de muchas mujeres, pues no discriminan el hecho de que la vida de una mujer, con más o menos margen de tiempo, y de forma alternada se desarrolla en ambos ámbitos (fuera y dentro de la casa) ; como así tampoco esclarecen el hecho de que existen mujeres que quieren, sienten y viven al hogar como lugar de entrega, de realización y de sentido positivo de su existencia.

Las ideologías y fundamentalismos que piensan a la mujer en la polaridad casa-madre-esposa=esclavitud versus calle-trabajo-estudio=libertad, por el contrario a lo que pretenden, sesgan la mirada sobre la diversidad de mujeres y sus particulares modos de sentirse realizadas.

Me parece importante estar atentos a tales expresiones pues ponen un velo al poder y valor que posee cada pequeño acto de tantas mujeres que se desenvuelven en el micromundo de su hogar, de su casa; con lo que se estaría subestimando, menospreciando a éste como “también” un ámbito de deseo, gozo y satisfacción. Es en hogar donde muchas mujeres, a tiempo completo o parcial, despliegan el poder de su amor, su saber, sus capacidades y crean belleza. Aunque no todas cuenten con las mismas habilidades, hay un sinfín de “saberes” y “capacidades” manuales, físicas, cognitivas, afectivas y espirituales que los quehaceres de la casa requieren para hacer de ella un hogar:

…cocinar cada día habiendo analizado decenas de modos de hacer rendir o “estirar” los ingredientes (y a veces los últimos) que quedan en la alacena;

…saber lavar y tender adecuadamente la ropa, para que no se tiña una con otra, se estire, se apelotone, ni queden sin colgar las prendas que necesitan secado urgente;

…realizar costuras, remiendos, y reciclados teniendo en cuenta las necesidades en el vestir de los miembros de la familia;

…estar al tanto de qué comercio tiene las mejores ofertas, promociones o calidad en los productos;

…prever las actividades de los habitantes de la casa y así tener preparados a tiempo por ejemplo el desayuno a los niños, o el mate para compartir, o la comida, o simplemente para sorprender y alegrar con unas tortas fritas hechas cuando comienzan a caer las primeras gotas de lluvia, o con una pizza rápida cuando llegan los amigos.

…poseer memoria y firmeza para recordarles a los distraídos o perezosos de la familia cuál es el lugar donde han de guardarse el calzado, los juguetes, la ropa desordenada; a quien le toca el turno para dar de comer a las mascotas, lavar los platos o regar las plantas. Pero también estará dispuesta a reemplazarlos en la labor si tales omisiones se han hecho por razones justificadas;

…conocer cómo calmar el dolor de estómago, o de huesos, o la alergia, o el resfrío; sin dejar de tener a mano el número de celular de la farmacia de turno o del médico de la familia;

…saber disfrutar de cada beso y sonrisa entregada y recibida al comenzar el día o al ir a dormir por las noches;

…regalar el poder de su fe cada noche con una oración y una vela encendida por todo lo que hay que agradecer y lo que es necesario pedir.

Hay voces que sutilmente sugieren que en estos “menesteres domésticos” no hay valía, ni poder, sino por el contrario debilidad, sometimiento o mediocridad. A modo de ejemplo me quiero tomar unos párrafos para referirme cómo en ciertos medios de comunicación se utiliza la imagen del personaje de Raquel de la historieta de Mafalda para simbolizar la antítesis de la conquista de derechos alcanzados por las mujeres.

Recordemos un poco: ¿quién es Raquel? Raquel es la madre de Mafalda y Guille en la historieta mundialmente conocida “Mafalda”, creada por Joaquín S. Lavado (Quino) entre 1964 y 1973. Raquel en la tira cómica aparece ocupada por los quehaceres domésticos (lava, plancha, cocina, cose, limpia, hace las compras). Cuida a sus hijos atendiendo sus juegos, indicando reglas de orden, compartiendo con ellos actividades como mirar TV, pasear, ir de vacaciones, charlar. En casi todos los episodios se la presenta paciente y amorosa aunque en algunas ocasiones las travesuras de sus hijos la sacan de quicio. La relación con su esposo es cariñosa, de comprensión, cuidado mutuo y disfrute; siempre preocupados por la educación de los niños. En ocasiones se la ve también visitando amigas o algún familiar, maquillándose, arreglando su cabello y uñas, teniendo una salida a solas con su esposo. Ha estudiado piano y Mafalda suele reprocharle no haber terminado sus estudios universitarios. La trama de la historieta además la muestra habitualmente impotente para dar respuestas a muchas de las preguntas que le realiza Mafalda sobre la realidad del mundo.

Varios de estos aspectos han sido utilizados para construir sobre Raquel un paradigma de “mujer esclavizada” e inculta; tomando sobre todo lo frecuente que pasa haciendo las tareas del hogar, el no haber terminado una carrera universitaria y su aparente ignorancia sobre los problemas del mundo.

Sin embargo ahondando un poco más en el personaje se puede descubrir que Raquel no es menos incapaz que su esposo para afrontar muchas de las preguntas sobre la realidad social y política que le realiza Mafalda; que no reniega de su condición de madre, ni de esposa, ni de ama de casa; que la historieta si bien refleja lo arduo de las tareas domésticas no la muestra infeliz, sino en una lógica alternancia entre estados de cansancio con otros en los que se la ve realizándolas de modo complacido; que posee un esposo amoroso con el que de modo “original” ( al decir de Mafalda) tiene una buena relación; que nadie en la casa le impide estudiar sino que lo que le cuestiona su hija es no poseer la “voluntad” para hacerlo.

Raquel tampoco es una mujer ingenua. Por ejemplo afronta cada día la suba de precios una “sana malasangre” ( según Mafalda) y con críticas hacia la cadena comercial y las autoridades; enfrenta con astucia las ocurrencias de Mafalda aludiendo al club de París, al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional; da respuestas a su hija sobre temas diversos como las vacunas, el cambio de dientes, la creación de la naturaleza; reconoce que no puede estar al tanto de la realidad política del país y del mundo pero sabe aconsejarla de cómo afrontar de modo “políticamente correcto” las impertinentes preguntas de Susanita.

Raquel es amada, respetada y admirada por todos en el mundo en el que se desenvuelve. Si bien Mafalda percibe que Raquel está atada a rutinas, afirma que su hogar es una “cooperativa”, lo que lejos está de un ámbito de sometimiento.

Me parece primordial que, en el nombre de la conquista de los derechos de la mujer, no se caiga en la simplicidad de asociar al hogar como la antítesis de su libertad. Ello solo nos llevaría a invisibilizar, a subestimar o a menospreciar el valor, la fuerza y el poder del hogar como lugar de realización de la mujer. Y aunque no deba ser necesariamente el único ámbito de su desempeño es allí donde muchas “Raqueles” encuentran significado positivo a su existencia y despliegan su brillo para bien propio y ajeno.

Mirna Segovia, 11-03-2022

Compartir