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Por la Psicóloga Mirna Segovia.

Hace unos días compartía con ustedes una publicación titulada “Esos locos por el carnaval” donde expuse, con una mirada puesta en nuestro pueblo, el sentido que adquiere la fiesta del carnaval desde el punto de vista psicológico.

Este fin de semana de carnaval quiero destinar algunas palabras para referirme a los comparseros que son los protagonistas del festejo.

¿A quienes ha de llamarse comparseros?

Si bien lo habitual es designar con este término a los bailarines/as de una comparsa, también suele hacerse extensivo a los fanáticos de la misma, a los integrantes de las escuelas de samba y bandas, y a los que están comprometidos con la labor de producirla (directores, diseñadores, personal de taller, coreógrafos, etc); todos ellos movidos a participar en una comparsa por una pasión carnavalera.

Un comparsero pudo haber llegado a la comparsa por “pasión heredada” de sus abuelos, padres o demás familiares. También porque algún amigo o compañero le contagió su entusiasmo. Cada uno recuerda exactamente cuándo comenzó a “comparsear”, cuándo se vistió con el primer traje, tomó por primera vez los instrumentos musicales o colaboró de alguna manera: “desde la panza de mi mamá…”, “desde que tengo memoria…”, “cuando mi amigo me invitó…”, “por mi abuelo que me armó un traje…”; son frases habituales con la que suelen señalar tal inicio.

No solo de pasión está impregnado el carácter de un comparsero. Desde que se le asigna o elige su diseño hasta la puesta en escena en el corsódromo hay un largo camino de meses de constante preparación que siempre deja espacio a la creatividad. La confección, armado, bordado y emplumaje de trajes, casquetes, espaldares; el ensayo de coreografías y aprendizajes de cortes y ritmos de la batucada requieren de responsabilidad. Ha de tener también responsabilidad por lo que representa y por la función que cumple dentro de la formación de su comparsa. Y …¿cuáles pueden ser esas funciones?, las hay muchas y variadas; existe todo un lenguaje que las designan y que probablemente resulta incomprensible para quienes desconocen el micromundo comparseril: portaestandarte, portabandera, reina, embajadora, bastonera, figura, etc.

La comparsa ofrece parte de la mano de obra y algunos materiales para los atuendos e instrumentos musicales que utilizará el comparsero, pero él siempre pondrá dinero de su bolsillo para cubrir los gastos…y en gran cantidad de casos “únicamente” los solventará desde sus bolsillos.

Los comparseros y comparseras forman una comunidad de compañerismo y amistad que en general están por sobre su pertenencia a una u otra comparsa, pues el fin común es disfrutar del carnaval: se ayudan; se prestan elementos; se enseñan unos a otros el arte de bordar, emplumar, teñir, etc. Sin embargo este mundo no es inmaculado. Suele presentar excepciones a las buenas relaciones, lo que es favorecido por la existencia de un sinfín de reglas no escritas que solo anidan en el imaginario común de los comparseros y que todos suponen han de conocerse y respetarse. Si alguien entendió que la conducta del otro ha roto alguna de esas reglas suelen surgir roces, resentimientos, celos y peleas que nada tienen que envidiarle a los escàndalos que solemos ver por TV y que suceden en el mundo del espectáculo nacional. ¿Qué quien debe ser reina, o bastonera, o embajadora?, ¿qué quién portabanderas, o portaestandarte?, ¿qué quién debe ir delante o detrás de la comparsa o de la escuadra?…que si por antigüedad…que si porque baila mejor…que si por recomendación de alguien…en fin, ¡un conjunto de problemas por resolver por los cuales el comparsero ( o su familia) puede reclamar derechos y que no siempre terminan de modo afable. En la comparsa nunca falta quien proteste porque no se le dio un buen diseño; o porque alguien “se llevó” las mejores plumas, o piedras; o porque algún integrante sumando a la formación a último momento ha acaparado su lugar de “figura”…Y allí, los directores y responsables de la comparsa, tan comparseros como los integrantes, estarán “poniéndole el pecho a las balas” disparadas por propios y ajenos para resolver los conflictos y poner orden hasta que su cuerpo y energías le digan basta.

La pasión carnavalera del comparsero es fuego persistente y chispeante, no se extingue, merma la llama finalizado el carnaval pero queda encendida casi oculta debajo de las brazas de la cotidianeidad, hasta que el verano abrazador de cada Febrero la vuelve a avivar.

Les dejo al final de este artículo un video con un relato que realicé dedicado especialmente a los comparseros:

Mirna Segovia, 26-02-2022

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