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Algunas escenas cotidianas, que por ser tan simples y habituales pasan desapercibidas, son las más trascendentes para la memoria y para nutrir los afectos.

Esta semana quiero dejarles un relato de uno de esos acontecimientos protagonizado por una madre junto a su hijo. En la realidad de cualquier familia son también padres, abuelos, tíos quienes vivencian estos actos cotidianos cargados de dedicación y ternura. A ellos se lo dedico y en especial a mis hijos.

Por la Psicóloga Mirna Segovia.

ENTRE ROPAS Y RECUERDOS

Pronto: el inicio de clases.
Voy a revisar el ropero.
Estás a mi lado hijo
soportando este ritual de febrero:
probarte cada una de las prendas

mientras te indico “ponete ésto” o “sacate aquello”.


A medida que lo haces veo
al tiempo que reclama 
unos centímetros más

para la talla del pantalón

del uniforme del colegio;
entonces libero tu altura

deshilvanando la costura
del resto de cada uno de los ruedos,
y los deslizo hacia a tus pies
para que se asomen a los senderos nuevos

que comenzarás a caminar en días venideros.


La remera del año anterior
ahora te queda ceñida …
voy pensando en una nueva
o en la que alguien me alcanzó

porque ya no la usaba…

en vos tendrá suficiente espacio
no habrá límite que impida

que te sigas engrandeciendo.

¿Que te aprietan las zapatillas?, sí lo sé.
Sonrío cuando me dices:

“¿ ¡tan grandes tengo los pies ahora!?”, 

como si recién los descubrieras 

después de habérselos cedido
a un verano de descalzos juegos.

Acaricio tu frente despejándola

de  ese flequillo largo de corte raro

al que le habíamos dado un recreo.

Te miro a los ojos y me devuelves

una mirada brillante de vivaces sueños.
Palpita mi corazón enternecido

porque raudamente me invaden

recuerdos de aquellos pequeños uniformes viejos.


Parecerá una sonsera

esta emoción que se me escapa en lágrimas
¡el ver cómo sigues creciendo!
Te abrazo, y como una tonta

el impulsivo apretujón quiere volverse eterno.
“¿Qué te pasa mamá, estás triste?”,  preguntas;

y yo no pudiendo explicarte todo lo que siento.
“Nada, nada..”, respondo,

“¡…es que me alegra tanto

vivir con vos estos momentos!” .

Alguien lo comprenderá:

una madre tiene nostalgias, alegrías y desvelos 
que quedan enredados

entre hilos, agujas, ropas y recuerdos
por cada uno de sus hijos
cuando van remontando vuelo.

Mirna Segovia, 18/02/2022

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