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Por la Psicóloga Mirna Segovia.

Cada mañana al despertarnos comenzamos el día con un estado de ánimo particular. “Mmmmh, ¡amanecimos chinchudos hoy!”, acostumbramos a decir cuando el “mal humor” atraviesa la cara, la forma de hablar, de caminar, de gesticular del recién levantado. Por el contrario el “buen humor” se estampa en el rostro con facciones relajadas, sonrisas y un modo afable de dirigirse a los demás.

¿De qué hablamos cuando nos referimos al “buen” y “mal” humor?, ¿cómo influyen en nuestro bienestar?

En la antigüedad “humor” significó humedad y fue el término con el que filósofos y médicos griegos y romanos describieron cuatro sustancias líquidas que según ellos circulaban por nuestro cuerpo y de cuyo equilibrio dependía nuestra salud. A esta teoría la comenzó a explicar Hipócrates cuatro siglos antes de Cristo y la desarrolló Galeno dos siglos después. ¡Apreciemos desde cuándo ya se asociaba el “humor” al estado de salud de las personas!

Desde la medicina moderna hasta la actualidad se han extendido los estudios científicos sobre el impacto del humor en nuestra vida cotidiana, en el trabajo, en el tratamiento de las enfermedades, en el ámbito hospitalario e incluso sobre las relaciones entre pedagogía y buen humor.

El humor es una disposición o estado de ánimo. Una diferencia importante que hay que hacer es la que existe entre el humor positivo y el humor negativo.

La cara positiva del humor (el buen humor) es la capacidad que una persona tiene para experimentar y/o estimular la risa y lograr un estado de ánimo positivo en sí mismo o en los demás; de encontrar motivos para ello y para ver el estado cómico de las situaciones SIN NECESIDAD DE ATACAR A NADIE.

El humor positivo es considerado deseable, saludable, una fortaleza del ser humano.

El humor negativo es el que cae en la burla y la ridiculización de los demás, es cínico, hiriente, odioso, agresivo, despreciativo. Éste no es un humor saludable.

Tener sentido del humor no significa que necesariamente te la pases haciendo bromas, chistes, que te hagas el gracioso o te muestres permanentemente juguetón. Estas son actitudes que solo podrán causar rechazo pues impiden mantener una conversación y exasperan al interlocutor. Se acercan más a la tontería de alguien que no diferencia cuándo es apropiado bromear y cuándo está de más.

El humor positivo es la habilidad de aligerar las situaciones que pueden resultar pesadas haciéndolas más suaves mediante una ocurrencia ingeniosa y respetuosa que focaliza su lado cómico. Debe estar impregnado de afecto, de la inmersión en el sentir de los demás y en el amor. Es un medio para hacer menos duras situaciones desagradables, tensas, agobiantes, embarazosas o limitantes. Es una válvula interna de seguridad que nos permite liberar tensiones, reducir la ansiedad, disipar preocupaciones, relajarnos, hacer más tolerantes momentos difíciles, sobrellevar la frustración que provocan las limitaciones; aceptar los obstáculos con serenidad, sin desesperanza y con actitud animosa.

Es por ello que el “buen humor” une a las personas rompiendo las tensiones y relajando el ambiente, acrecienta las relaciones (no las rompe), fomenta la comprensión. Max Van Manen (2012) dirá que “…es un humor con tacto que es positivo y crea actitudes abiertas y posibilidades.”.

Se ha comprobado que algunas perturbaciones emocionales acontecen debido a la sobredimensión e importancia que damos a los sucesos o acciones, a que las tomamos muy formalmente, con rigidez o las percibimos sin salida (A. Ellis, 1997). Desarrollar el buen humor nos puede ayudar a mantener la compostura. En terapia de la depresión por ejemplo se exhorta a los pacientes a indagar y ver el lado festivo de las cosas y circunstancias. Esto no significa que debamos banalizar aquello que merezca atención seria, sino que el buen humor nos posibilita aminorar su impacto apreciándolas con un giro de distanciamiento.

El buen humor no es innato, es una disposición adquirida, se va aprendiendo en el transcurso de la vida, por lo cual puede ser potenciado o aumentado, “es fruto de la sabiduría reflexiva más que un legado genético o un don” (M. Van Manen, 2012). Las personas con buen humor han aprendido a no tener miedo del qué dirán, a reírse de sí mismos, a realizar conexiones graciosas con ideas y conceptos variados (por ello tienen conocimientos a cerca de distintos ámbitos), a desprenderse del perfeccionismo y no quedar focalizados en el lamento por las incongruencias e imperfecciones que acompañan nuestra vida diaria.

¿Que es difícil mantener el buen humor ante un mundo cargado de negatividad?: ¡Sí, claro!. Pareciera ser un milagro que haya personas que ante contextos difíciles logren mantener un habitual tono interior de buen humor y ser además un estímulo de buen humor para los demás. Pero es precisamente la negatividad del mundo que hace necesario abrirnos al poder del humor como recurso para sostener el bienestar integral propio y ajeno.

Thomas Moore (Santo Tomás Moro), pedía por medio de la oración del buen humor tener “…la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla…”. ¡Cuánto de acierto hay en este pedido!; es que no es posible mantener la salud física sin una cuota de buen humor. También Hunter Doherty “Pacht” Adams conocido como el “padre de la risoterapia” experimentó la relación entre salud y buen humor desde su inserción como estudiante de medicina en el ámbito hospitalario y creó un nuevo modelo sanitario bajo una convicción que expresaba de este modo: “No conozco una sola enfermedad que se cure con la seriedad, la ira o con la apatía. Lo más curativo es el amor, el humor y la creatividad”.

Iniciada ya la presecialidad de los docentes en las escuelas y prontos a que la inicien los alumnos quiero cerrar este artículo recordando que el buen humor es también una fuerza poderosa para construir ambientes educativos y de trabajo positivos en el ámbito escolar. Los niños necesitan profesores con buen humor y los profesores necesitan del buen humor para sobrellevar las presiones y tensiones de su contexto laboral. La seguridad que tenga el docente en las potencialidades de los alumnos, en la propia importancia para ellos y el foco que mantenga en las bondades que presenta la vida son algunos de los aspectos que posibilitarán preservar el sentido de “buen humor”.

Mirna Segovia 11-02-2022

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