Inicio » Ante la posibilidad del inicio de otro ciclo lectivo sin clases.
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Por un sinnúmero de circunstancias que suenan a obvias, no parece el actual el momento adecuado para reclamar la atención respecto a cualquier tema vinculado con la crisis en materia de educación –otra más-, de las tantas que resultan a la vez causa y consecuencia de la crisis global que vive nuestra sociedad en la actualidad en los elementos que la conforman.

Razón aparente pueden tener los que opinan de esa manera, ya que un reparo de este tipo, podría llegar a considerarse válido en el caso de que nuestra vida anduviera por el tipo de carriles que se consideran normales.

No es ese evidentemente nuestro caso, salvo que se partiera del presupuesto de considerar la “anormalidad” como un estado de cosas normal. Las cosas son de otro modo, y no existe ámbito de nuestra vida en común, en el que no se haga presente esa sensación de urgencia extrema, que dice que estamos enfrentando una situación límite.

De donde no son los actuales tiempos para que desde el gobierno – ni tampoco en lo que respecta al accionar de la sociedad- se haga gala de ese “gradualismo postergador”, lleno tanto de recovecos como de mañas tramposas, a los que se suman las idas y venidas –algo que viene a definir una palabra de moda cual es “procrastinar”- y que se traduce acabadamente con la expresión “vamos viendo”, atribuida al mismísimo presidente de la Nación, ignoramos por nuestra parte con qué grado de certeza. Es que para “ir viendo”, no nos queda tiempo alguno. Ya que estamos ante urgencias que, como tales, no saben de espera.

En tanto, el anuncio por parte del mayor gremio docente de nuestra provincia de su determinación de que sus afiliados se abstengan de dar inicio al periodo lectivo en los establecimientos educativos correspondientes, si no son aceptados en forma previa sus reclamos de naturaleza primordialmente salarial, ha resultado –y consideramos que nos asiste razón en ello- el acontecimiento “disparador” de las siguientes consideraciones.

De donde ello implica que las mismas se limiten al tratamiento de esa cuestión, la que en realidad no cabe considerarlo nada más que un presupuesto ineludible, pero no la cuestión fundamental en el enfoque de un programa educativo para nuestra sociedad.

Y en ese sentido, no dejamos de descontar que los funcionarios competentes del gobierno provincial anoticiados del anuncio antedicho, comenzarán desde los primeros días del mes de enero del año próximo, a dar comienzo a las tratativa con su contraparte gremial, con el objeto de lograr acuerdos que permitan que el próximo ciclo escolar se desarrolle normalmente desde sus inicios.

Ello no implica dejar de lado las conclusiones a que cabe arribar, atento a pésimas experiencias anteriores, las que han servido para desnudar la circunstancia habitualmente escondida en el caso de estos tipos de conflictos, cual es que éstos no atañen exclusivamente a dos partes, cuando en realidad existe una tercera. La que no es otra que la que, inexplicablemente, ha venido jugando hasta ahora el papel de “convidado de piedra”, dando muestras de un silencio, que debería dejar paso a una queja aturdidora.

Es que además del gobierno y el gremio, como parte fundamentales de esas “paritarias”, se da cuenta de la existencia de un “tercero interesado”, cual es el cuerpo conformado por los “padres de los alumnos sujetos potencialmente a un maltrato”, al que debe tenerse también como parte en ese trámite, en su condición de principalísimo actor.

Debe advertirse que si su existencia inexplicablemente se ignora, por parte inclusive de ese mismo “colectivo”, ha comenzado a emerger de la irrelevancia, cuando la larga ausencia de “clases presenciales” en establecimientos educativos de la provincia de Buenos Aires, dio pie a los reclamos de dar conclusión a esa situación, con un accionar que puede considerarse cuando menos coadyuvante al logro de ese objetivo, a través de la existencia de “padres de alumnos auto convocados” desperdigados por todo el territorio de esa provincia, los que se hicieron escuchar ante esa dramática circunstancia.

De donde a lo que se apunta con estas consideraciones es a la conformación de un colectivo “de padres de alumnos víctimas de conflictos laborales a los cuales son ajenos”, que puedan terciar en el entrevero. Y consideramos que no solo su conformación haría posible una salida efectiva a la situación aflictiva referida, sino que podría llegar a constituirse en un primer paso hacia un involucramiento mayor de los padres en el proceso educativo. El que vaya más allá de los límites actuales de su posibilidad de “cooperante” en el funcionamiento de orden material de las escuelas y colegios.

Fuente: el Entre Ríos.

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