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RADIO UNO SANTA ELENA.

MIENTRAS EXISTAN LOS “PERSONAJES” DEL PUEBLO.

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Por la Psicóloga Mirna Segovia.

El día sábado pasado, en el Museo y Archivo Histórico Santa Elena se realizó el lanzamiento del libro “Cuentos de mi pueblo”, una antología del primer certamen literario de cuentos y relatos organizado por dicha institución.

Con el libro en mano recorrí una y otra vez las historias escritas por tantos compueblanos que recrean la idiosincrasia de Santa Elena.

Una nota característica de muchas de ellas es que mencionan a personajes típicos e históricos de la localidad, esos seres que lograron calar hondo en la vida cotidiana causando impacto ya sea por un rasgo sobresaliente de su personalidad, de su modo de vida, de la forma de relacionarse con los demás, por su oficio o por su servicio en la comunidad. “Personaje”, sí, porque “personaje” no es toda la persona, sino la parte que de ella la sociedad quiere mirar o destacar.

No habría personajes de un pueblo sin la comunidad que los mire, los identifique y encuentre en ellos algo tan especial como diferente al resto de los pobladores.

Estos personajes se han destacado no porque hayan buscado fama, para nada, ya que en general son humildes, sencillos y no hacen mal a nadie. Es la comunidad que los va asumiendo como tales, les va tomando cariño, aprecio y ejerce sobre ellos acciones de cuidado y protección ya sea material, afectiva o ambas. Si a algunos vivillos se les ocurriera hacerlos objeto de burlas, agresiones o acusaciones injustas, habría siempre a su alrededor quienes estén dispuestos a defenderlos y a evitar que sean tratados como monigote.

La gente les facilita alimento, refugio, vestimenta; en algunos casos les proporciona elementos para su aseo, les corta el pelo, la barba o de tanto en tanto los somonte a un baño; da aviso al hospital si los ve enfermos, les consigue medicación o se preocupa por saber dónde han ido cuando pasan días sin verlos. Pero nunca querrá hacer de ellos alguien que no son.

Son parte repetida de los escenarios de vida cotidiana; recorren las calles con sus expresiones típicas, participan (invitados o no) en casamientos, actos, funerales, celebraciones religiosas, fiestas de carnaval, festivales y otros eventos festivos públicos o privados…sin que se conozca siquiera cómo hacen para enterarse de la agenda de eventos.

Sobre ellos se tejen anécdotas, algunas dramáticas otras risueñas, que alimentadas por el imaginario y la picardía popular rondan los límites entre ficción y realidad.

Acceden a aparecer en las fotos cuando alguien se lo solicita o se agregan sin necesidad de pedir permiso a las de quipos de futbol, figuras políticas, o fiestas familiares de vecinos, posando como… el personaje que son.

Algunos de nuestros padres se han valido de ellos como “asustadores de niños” en su afán por hacernos dormir, comer u obedecer. El tiempo luego los redimía, cuando al ir creciendo nos íbamos dando cuenta que nada de cierto había en tal mala fama y ni en lo amenazante que se les atribuía, por lo que el temor se iba transformando en broma o juego.

Si algún personaje del pueblo llegara a incomodar a alguien con algún exceso, manía, travesura o exabrupto, siempre habrá cerca suyo algún vecino que “lo sabe entender” para que lo ayude retomar la compostura y la tranquilidad.

A veces parecen distraídos, pero pueden sorprender revelando cuánto conocen ellos también de la vida de cada vecino y del pueblo.

Ya no existen los personajes típicos en las grandes ciudades, allí la urbanidad tapa a seres tan especiales como ellos con un manto de indiferencia, abandono, ninguneo o descuido.

El libro “Cuentos de mi pueblo” si bien no profundiza en sus biografías presenta semblanzas del modo de ser de algunos de esos personajes de Santa Elena. Sus vidas son una hendija para vislumbrar rasgos psicológicos, sociales e históricos de nuestra comunidad entera en un tiempo determinado. .

Dejar un testimonio escrito sobre ellos es también valorar la “cercanía”, el afecto que nos unió como comunidad y el modo que tuvimos de estar enlazados a ellos.

Sin estos personajes nuestra ciudad quedaría despersonalizada, insípida, perdería cualidades humanas de identidad. Ellos son real expresión de nuestra idiosincrasia y cohesión social, verdaderos monumentos humanos.

Mientras existan estos personajes,

mientras sean mirados y nos miren,

mientras sean escuchados y nos escuchen,

mientras sean cuidados y queridos…

sabremos que aún sostenemos los hilos de cercanía entre los pobladores,

y eso será el termómetro que nos indique

cuán lejos o próximos estamos

a que nos dejemos invadir por la peste

de la indiferencia y el individualismo

característico de las grandes urbes.

Nota: Recordando a aquellos que el libro menciona y también a otros que calaron hondo en mí: “Charly Bomba”, “Manito”, “Raulito”.

Mirna Segovia 16-12-2021

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