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RADIO UNO SANTA ELENA.

Tiempo de ocio, tiempo de…¿nada?

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Por la Psicóloga Mirna Segovia.


Referirme al tiempo de ocio en una época donde tanta gente no posee trabajo puede parecer una frivolidad. Sin embargo no quiero dejar de expresarme sobre este tema, ya que está íntimamente relacionado a la salud. Reflexionar sobre el uso que damos al tiempo libre y el lugar del ocio en nuestras vidas es pensar en nuestra salud mental.

El tiempo libre es una necesidad y es un derecho. Cada uno ha de disponer el modo de utilizarlo.

Para muchas personas que cuentan con la dicha de poseer un trabajo y también para los estudiantes se acerca en pocos días el período de vacaciones. Quedará a su disposición un tiempo, “el tiempo libre” de las obligaciones del contexto laboral o académico hasta que el calendario marque el día de regreso. En estas situaciones el tiempo libre es la ganancia por el tiempo trabajado o dedicado al estudio; es un tiempo esperado, deseado.

Pero se hace necesario reconocer que existen otras situaciones en las que el tiempo libre no es elegido ni una conquista tras el tiempo trabajado, sino la consecuencia obligada de una situación indeseada como por ejemplo la falta de oportunidades de trabajo o las limitaciones por enfermedades crónicas físicas o mentales. Quienes padecen estas realidades suelen quedar susceptibles al tedio, la ansiedad, las conductas adictivas o compulsivas ante un tiempo libre al que no se logra dar sentido positivo; en definitiva vulnerables al malestar.

Tanto en una como en otra situación, siendo el tiempo libre una ganancia o una situación no deseada, puede suceder que las necesidades familiares e individuales (económicas, de salud, vivienda, etc) nos conduzcan a asumir en el tiempo libre obligaciones agobiantes (un trabajo extra, cuidar a los enfermos, ocuparnos de trámites, dedicarnos al mantenimiento de nuestros bienes materiales…) o simplemente que nos dejemos estar en un estéril dejar pasar el tiempo. Se obtura así la posibilidad de dar lugar al tiempo de ocio.

El tiempo de ocio no tiene buena reputación. Se suele decir que una persona es “ociosa” cuando es haragán, irresponsable, perezoso. Sin embargo hemos de entender que el tiempo de ocio forma parte de una necesidad relacionada con el deseo, la motivación, la libre elección, el disfrute. Es el tiempo libre del trabajo remunerado y libre de cualquier obligación cotidiana de mantenimiento; un tiempo que se dedica por propio interés a actividades constructivas. No se trata de un tiempo improductivo, ni tampoco de no hacer nada, sino de un tiempo no medido por las horas reloj y dedicado a actividades de libre creación, innovación, exploración y desarrollo de facultades personales y de bienestar surgidas de las propias motivaciones.

El ocio, enaltecido y disfrutado en la época pre industrial por distintas culturas, se considera hoy una de las dimensiones claves para el bienestar psicofísico del individuo y para la calidad de vida.

Utilizar el tiempo a favor de nuestro bienestar implica conocerse a uno mismo para descubrir cómo administrarlo de forma positiva. El tiempo de ocio surge “oyendo” a los intereses y motivaciones que nos empujan al crecimiento personal y profundizando en el autoconocimiento de nuestras habilidades. Ejercerlas es desarrollar los aspectos positivos de la personalidad, es cerrar las puertas al tedio y al aburrimiento (aún del tiempo libre obligado) y es abrirlas a un propio proyecto que nos saque del “tiempo sin sentido”.

Incluso en vacaciones podemos incurrir en el error de creer que “desenchufarse” y descansar es usar el tiempo libre entrando compulsivamente en una vorágine de actividades “recreativas” que no solo no dejan espacio al descanso reparador sino que nos sumen en mayor estrés. El psiquiatra Víktor Frankl decía “…en la actualidad, el ocio centrífugo es predominante. Escaparse del yo permite evitar la confrontación con el vacío del yo”; describiendo magníficamente cómo el movimiento impulsivo hacia afuera (centrífugo) que hacemos en tiempo de ocio (con carreras de entretenimientos, con excesos…) puede ser un modo de evitar encontrarnos con nosotros mismos, con nuestros vacíos internos.

A nivel individual, muchos de nosotros nos hemos preparado para el trabajo, pero ¿sabemos generar en nuestra vida tiempo de ocio que contribuya a nuestro bienestar? Si trasladamos estos conceptos a nivel comunitario podríamos preguntarnos: las políticas de estado ¿se ocupan de generar propuestas que incentiven, promuevan actividades de ocio fundamentado en una dirección positiva?, ¿cuentan con acciones concretas que ayuden a personas afectadas por la soledad o por enfermedades crónicas a alcanzar un estado positivo en función del ocio experimental?, ¿promueven programas del uso positivo del tiempo libre en los barrios fundados en las motivaciones de la gente?

La satisfacción en el ocio que nos conecta con las motivaciones internas y habilidades positivas se la puede considerar una fuente de bienestar y entrega; nutre aportando alegría, entusiasmo y autorealización; es un recurso para fortalecer un desarrollo personal saludable. Cuando se comparten experiencias de disfrute colectivo del ocio también la calidad de vida de la comunidad se ve beneficiada.

Mirna Segovia 09-12-2021

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