Ante un suicidio, el silencio es la estrategia menos saludable.

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Es habitual que cuando un suicidio tiene lugar, hasta las personas más cercanas no encuentren una manera propicia de elaborar lo acontecido y acostumbren refugiarse en un silencio que agobia. Un especialista en estos temas sugiere tomar el camino inverso: crear espacios de diálogo para poner en palabras la angustia, los desconsuelos, la bronca, la desesperanza y la impotencia.

Valeria Robin / vrobin@eldiario.com.ar

El acontecimiento de un suicidio provoca un verdadero cimbronazo; mucho más si se trata de adolescentes y jóvenes. Dado que en general se desconoce cómo abordar semejante situación, EL DIARIO consultó a Sergio Brodsky, psicólogo especialista en el tema, referente de la ONG Lazos en Red, un grupo de voluntarios para la prevención del suicidio creada por la Asamblea de Salud Mental y Derechos Humanos de Concordia.

Lo que sigue es un extracto del diálogo mantenido.

–¿Qué pueden hacer los adultos ante situaciones de riesgo de suicidio?

–Ante la aparición de indicadores de riesgo del suicidio, los adultos deben estar atentos; lo que implica fundamentalmente escuchar y contener a los adolescentes. Es especialmente importante dedicarse a escuchar, mostrar interés en lo que le pasa al joven sin juzgar, evitando los sermones y las reprimendas.

Ante estas situaciones es crucial el papel de los docentes, quienes muchas veces son los primeros en encontrarse con las manifestaciones de malestar, de angustia, de profunda preocupación, de aislamiento, de falta de interés, y de desánimo. En los encuentros que realizamos en las escuelas les explicamos a los docentes la trascendencia del lugar en el que se encuentran, en virtud de que muchas veces los adolescentes y jóvenes pasan más tiempo en la escuela que en su propia casa. En el mismo sentido, encontramos que para los alumnos suele ser muy fuerte la presencia del docente como referencia de confianza y fuente de consulta.

Por estas razones les sugerimos a los docentes que se acerquen a los chicos, y que los habiliten a hablar para ver qué les sucede. Y ante la aparición de un indicador de riesgo de suicidio, lo conveniente es que los contengan, los protejan, y que tomen contacto con los padres para que entiendan la situación, acentúen los cuidados, y busquen ayuda profesional.

–¿Qué pueden aportar los jóvenes?

–Es muy importante que los pares de un adolescente o joven que está en situación de riesgo de suicidio se interesen por el tema, se informen, porque muchas veces puede ocurrir que también ellos incurran en lugares comunes o prejuicios, lo que dificultaría que puedan brindar la ayuda propicia. De todos modos, los jóvenes no deben cargarse la mochila; no son ellos quienes deben hacerse cargo de la situación de riesgo de suicidio de un compañero. Es fundamental que puedan contar con un adulto, siempre: los padres, un tutor, un preceptor, un docente de confianza, alguien que preste su colaboración, porque cargar con todo esto es demasiado abrumador para los jóvenes.

El especialista Sergio Brodsky señala que el secreto es habilitar a que los jóvenes se expresen cómo se sienten.

PERTINENCIA

–Insistió en la importancia de la escucha…

–Sí. No debemos dejar de prestar atención a que los adolescentes se asoman a una etapa crítica de búsqueda de sí mismo y de la propia identidad, donde la referencia fundamental es el grupo de pares. Estamos en una etapa en la cual es muy importante escuchar sin juzgar, contener, y proteger a los adolescentes de sus malestares.

No olvidemos que su identidad se estructura a partir de la identificación con sus pares; por lo tanto, no pertenecer a un grupo, estar solo y aislado, le impide al adolescente resolver sus problemas, sus duelos y las ansiedades persecutorias que son típicas de la edad.

Por estas cuestiones insistimos tanto en que se habiliten espacios de escucha donde puedan tramitar las angustias y compartir los desafíos que se les presentan.

 –¿Cuál ha sido la experiencia de Lazos en Red en este sentido?

–Lo habitual es que nos convoquen generalmente desde escuelas cuando se ha producido un suicidio, para intervenir en la posvención, es decir en la prevención de nuevos casos de suicidio en el entorno de la persona que se ha quitado la vida.

En el caso de las escuelas, nos hemos encontrado con escenarios de mucha desorientación, de un dolor devastador, con efectos muy traumáticos en aquellos que forman parte del entorno: sus compañeros- cuando se trata de adolescentes-, los padres, y los docentes, que suelen quedar shockeados emocionalmente, traumatizados por la situación, y sobre todo muy desorientados en cuanto a cómo encarar el tema con los alumnos.

Apenas se diluye la resistencia inicial, tanto jóvenes como adultos se interesan en el tema del suicidio.

ALTERNATIVAS

–¿Qué estrategias se dieron?

–Lo que siempre surge es la necesidad de orientar, de asesorar a los docentes sobre cómo encarar el tema con los alumnos.

La sugerencia es abrir espacios para que circule la palabra, es decir, poder hablar en la escuela sobre aquello que ya se conversó en cada casa respecto de lo acontecido.

Es crucial generar espacios de escucha y también reafirmar aspectos vinculados a la prevención como por ejemplo que si se atraviesa una situación difícil se puede pedir ayuda. Siempre es propicio escuchar para que no se encierren y puedan comunicar aquello por lo que están sufriendo.

En este punto, las estrategias tienen que ver con que reconocemos tres objetivos principales en el trabajo de posvención.

 –Repasemos esos objetivos.

–El primero es generar espacios de circulación de la palabra para contribuir en la elaboración colectiva de la situación traumática del suicidio.

El segundo objetivo es la detección de nuevas situaciones de riesgo de suicidio, ya que puede ocurrir que esta situación traumática se convierta en un desencadenante para quien se identifique con el compañero suicida.

No se trata de una posibilidad hipotética; frecuentemente aparece cuando interactuamos en los cursos. Entonces, hay que estar atento y tratar de relevar esas situaciones de riesgo que pueden estar latentes.

El tercer objetivo es que en ese escenario de diálogo que se ha constituido se pueda trabajar en información, sensibilización, prevención y concientización. Es vital que la comunidad educativa en general y el entorno de la persona suicida cuenten con información básica para prevenir, detectar e intervenir.

En la identidad de los adolescentes y jóvenes el vínculo con los pares ocupa un lugar clave.

BALANCES

–¿Qué resultados obtuvieron?

–En general han sido muy buenos, incluso ante escenarios complejos.

–¿Por ejemplo?

–En algunos casos hemos podido intervenir incluso en cuestiones de fondo como que algunas características de la institución pueden tener incidencia en las relaciones violentas que se establecen entre los alumnos. Y, en el mismo sentido, nos enfocamos en problemáticas como el bullying, que suele estar relacionado a rasgos constitutivos de la institución. A partir de estos diagnósticos se puede discernir mejor qué caminos tomar para revertirlos.

En general los grupos dudan respecto de si es bueno o no hablar sobre el tema. Muchas veces advertimos resistencias. Pero cuando se generan los espacios de comunicación y de diálogo se percibe claramente que se necesitaba hablar y lo beneficios que es.

En muchas escuelas aún hoy la única propuesta es establecer un día de duelo por la pérdida del alumno, pero luego se sigue como si no hubiera pasado nada. Eso es tremendamente problemático: no es saludable no poder poner en palabras lo vivido, no elaborar lo acontecido colectivamente y de manera individual.

Otro aspecto positivo de las intervenciones es que podemos compartir información muchas veces desconocida sobre el suicidio. Además, es habitual que detectemos situaciones de riesgo en otros chicos o en familiares suyos y que podamos intervenir ayudándolos en la búsqueda de un tratamiento individualizado.

El rol de la comunicación

 –¿Qué papel juegan los medios de comunicación en el abordaje de la problemática?

–En cuando al tratamiento que hacen los medios de comunicación, es importante tener en cuenta que puede generarse el efecto Werther, es decir que la noticia de un suicidio impulse a otras personas a imitar el acto suicida.

De hecho, desde Lazos en Red consideramos que el suicidio no es una noticia y no debe ser cubierto como tal. Sencillamente, no habría que publicar los hechos de suicidio, pero si se hiciera, debiera ser de una forma discreta y respetuosa.

–¿Cómo sería?

–Evitar que la noticia esté en tapa, tratar de que no aparezcan menciones o fotos del método utilizado ni imágenes de la persona que se quitó la vida. Tampoco es conveniente que se presente el suicidio como un acto heroico, ni romántico. Tampoco debe unirse el acto a una supuesta razón superficial; al contrario, subrayar la complejidad del hecho que, como se sabe, es multicausal.

Estas cuestiones están protocolizadas por la Organización Mundial de la Salud, cuando detalla cómo hacer una cobertura sin que tenga efectos de contagio, dominó, o de conducta imitativa del suicidio.

Como sabemos, los medios cumplen un rol fundamental en la recreación de la cultura, por eso es vital que los abordajes tengan estos cuidados.

Para contener

 –¿Qué impacto produce una muerte por suicidio?

–El suicidio suele tener un efecto traumático en todos los que rodean a la persona suicida. Realmente es devastador para la familia y todas las personas que de algún modo se consideran cercanas a la persona fallecida.

En el caso de los jóvenes hay que estar atentos a la capacidad identificatoria que el hecho puede tener en ellos. Por lo tanto, hay que trabajar mucho en la prevención y contención de los jóvenes, dada la fragilidad emocional que puede presentarse en esta etapa de la vida.

Desde Lazos en Red trabajamos en la conformación de espacios de contención para familiares de personas que se han quitado la vida.

Penosamente, nos encontramos con muchos participantes que pueden conversar ahí lo que tienen vedado en el resto de los ámbitos: el frecuente que el entorno minimice lo que les ha pasado- incluso queriendo ayudar-, que de consejos y consuelos inconvenientes o que directamente no quieran hablar del tema. En otras palabras, es común que haya ciertas resistencias entre los más próximos, como hermanos, padres, hijos, novios, o amigos.

Estos lugares para conversar ayudan a liberar la angustia y a construir una elaboración psíquica y emocional de ese suceso tan penoso.

La constitución de espacios donde se pueda conversar sobre suicidio es vital para adolescentes y jóvenes.

Fuente: El Diario