Sobre la persona, la naturaleza y el bienestar psíquico.

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Por Mirna Segovia.

“El paisaje y la canción se descubren

si lo deletreamos con amor”

Linares Cardozo

Durante milenios muchas culturas, tradiciones, religiones y prácticas espirituales diferentes han considerado el profundo vínculo existente entre el hombre y la naturaleza.

La psicología es la ciencia que estudia el comportamiento humano y ha llegado a comprobar que no es posible entender al hombre sin estudiarlo en interrelación con el contexto que lo rodea, lo que implica la consideración del entorno social y el ambiente natural en el que vive.

Habitualmente pensamos nuestra salud mental asociada a la vida interior y a la relación que tenemos con otras personas. Poco tenemos en cuenta el vínculo que establece la persona con el ambiente natural y su importancia para el bienestar psíquico.

El beneficio de estar en contacto con la naturaleza va más allá del disfrute, del vivir algo agradable. Varios estudios científicos han demostrado que las experiencias en la naturaleza pueden contribuir al bienestar psicológico. La persona establece con la naturaleza una relación emocional, simbólica (le otorgamos significados, sentidos) y espiritual.

Los aromas, sonidos, estímulos visuales y táctiles de los elementos de la naturaleza al atraer nuestra atención nos “desconectan” de los estímulos ansiógenos de la vida cotidiana, lo cual ayuda a frenar el fluir de pensamientos rumiantes (repetitivos) que perturban. Resulta así un efecto tranquilizador que alivia la angustia y proporciona un estado de relajación no solo psíquica sino física potenciado por el que proporciona el movimiento corporal (al caminar, andar en bici, trotar).

Hay algo de la constancia y repetición de los movimientos en el contexto natural que nos relaja: dan la tranquilidad de que lo que esperamos que pase, pasará, anulando por momentos la incertidumbre propia de la vida humana.

Se ha comprobado que inmiscuirnos en este acto observador nos ayuda a abstraernos, a disminuir el protagonismo de lo racional dando lugar a otras experiencias asociadas a la sensación y a la intuición frecuentemente dejadas de lado. Además mejora las funciones cognitivas: la memoria y la atención, la imaginación, la creatividad y el rendimiento escolar de los niños.

La observación de la belleza y complejidad de los escenarios naturales nos permite recuperar el asombro y la contemplación, entender que somos parte de algo mucho mayor dentro del universo ante lo que nuestros problemas y vicisitudes de la cotidianeidad pierden fuerza. Nos hace advertir cuánto existe que nos excede como individuos, cuánto nos trasciende; nos sumerge en el misterio del origen, del orden del universo y del sentido de lo existente; nos posiciona en un lugar de humildad y simpleza.

La contaminación auditiva, visual y atmosférica producida por la urbanización deteriora nuestra salud, incluso la mental. Y aún en casas donde el “espacio verde” está presente los estímulos del mundo moderno pueden privarnos de vivir la experiencia del contacto con el mundo natural, de distinguir sus detalles, los colores, los sonidos,el comportamiento de plantas y animales, del viento, de los astros, etc.

Aún así siempre podemos encontrar un modo de revincularnos con la naturaleza y aprovechar sus beneficios. No necesitas irte de vacaciones ni hacer un largo viaje. Solo hace falta predisposición a detenerse y mirar alrededor.

Apreciarla no es hacer de la naturaleza un valor absoluto por encima de la dignidad humana, ni una realidad divina por sí misma. Los seres humanos poseemos capacidades para alterar el entorno natural, somos creadores de entornos. El desafío está en que al modificarlos lo hagamos con respeto por su orden, por la belleza y por la interdependencia de los seres que lo habitan.

En tu casa o en tu ciudad tomarse un tiempo cada día para apreciar y disfrutar del mundo natural es cultivar un hábito positivo para nuestra salud mental.

Cabe aquí hacernos algunas preguntas: ¿a qué entornos ambientales nos exponemos?, ¿cómo integramos la naturaleza a nuestra vida?. Cuando intervenimos en los ambientes naturales y cuando se lo hace desde las políticas estado: ¿se es consciente de su impacto en la salud mental?

Incluir o eliminar naturaleza del campo o de las ciudades no es inocuo, impacta en las dinámicas sociales y las vidas individuales afectando el bienestar, incluso el psicológico.

Los santaelenenses vivimos en un entorno geográfico privilegiado, donde es posible encontrar espacios naturales (públicos y privados) con muy poca intervención humana. Muchos de ellos van progresivamente siendo objeto de modificaciones en post del confort y la urbanización. Si no somos conscientes del valor del entorno natural para la salud mental posiblemente no nos ocupemos de preservarlos o bien de modificarlos aprovechando sus cualidades benefactoras.

Las familias y docentes al enseñar a los niños, desde temprana edad, la observación, el valor y el cuidado de la naturaleza, activan una relación emocional con ella. Quedan así sembradas en el entendimiento y grabada en la memoria las semillas del aprecio, el disfrute y el respeto por el entorno natural. El crecimiento y maduración de esas disposiciones iniciales lograrán sofocar las ansias de destrucción y depredación del mundo natural. Son actos educativos que guardan la promesa de instalar en la personalidad hábitos y actitudes que beneficiarán la salud mental. Está al alcance de todos hacer algo en ese sentido. ¡Transitemos ese precioso camino!

Psicóloga Mirna Segovia.