La medicina de abrazar.

Por Mirna Segovia.


Hay que evitar abrazar

se nos dijo en esta pandemia;

el abrazo resultó ser peligroso

en la amistad y también en la intimidad,

un comportamiento que había que obviar

por ser “contagioso de enfermedad”.


Y contradiciendo toda la evidencia

que hasta ese día teníamos de la ciencia

sobre el beneficio del abrazo

para lograr inmunidad

nos tuvimos que acostumbrar

a encontrarnos pero sin abrazar.


Algunos se resistieron a acatar

lo que veían como una medida inentendible:

que el abrazo se prohibiera en la vecindad,

en el pueblo, en el país y en el mundo

y se olvidara todo lo fecundo

que en este gesto se podía brindar.


El bebé que no es abrazado muere

ya habían comprobado los estudiosos.

En los cuadros comatosos,

habían concluido los que investigan:

palabras, abrazos y caricias,

son terapéuticas mientras haya vida.


El abrazo que sea sincero,

calma, consuela, infunde confianza y anima,

lo saben endocrinólogos y neurólogos:

abrazar llena nuestro torrente de sangre

de esa “hormona del amor”

que se llama oxitocina.


Lo reconocían psicólogos y psiquiatras:

sentimientos de alegría

produce darnos un abrazo

reduciendo el estrés y la ansiedad,

da sensación de seguridad,

y fortalece la autoestima.


Somos cuerpo, mente y espíritu

que reaccionan siempre en unidad,

esto no se ha de olvidar

cuando una medida sanitaria se determina

¿puede ser tan “venenoso”

lo que sabíamos que era “medicina”?


Hoy me preguntaron: “los abrazos ¿volverán?”;

y yo me puse a pensar:

¿acaso los abrazos no estuvieron presentes

aunque sea cuando nadie podía mirar,

ya que es una disposición natural

con beneficio psicológico, físico y espiritual?.


Formas de manifestarse

siempre encontrarán

porque nos vuelven a la vida,

curan el ser, producen emoción

son idioma universal,

y expresión de comunión.


Si los abrazos alguna vez se fueron…

de eso tengo algunas dudas,

pero en ese caso estoy segura

que ¡volverán!, ¡sí, volverán!,

ni crisis, ni catástrofes, ni pandemia extinguirán

la fuerza del abrazo que es medicinal.


Mirna Segovia.

Ilustración: Ariel Aloy.