Descubrir el alma de mi pueblo.

Por Mirna Segovia.

Todos los fenómenos de los que se ocupan

las ciencias psíquicas son, de hecho,

productos de la colectividad”.

Wilhelm Wundt

El 2 de Octubre se cumplen 150 años del origen de Santa Elena.

Quise entonces traer a mi columna semanal este tema: “ Descubrir el alma de mi pueblo”. Quizás podría parecerles una cuestión romántica, casi poética. Sin embargo no lo es.

Abramos primeramente una pregunta: ¿los pueblos tienen alma?.

Las ciencias, entre ellas la psicología, se han ocupado de investigarlo. Existen diversos puntos de vista desde los cuales se intenta responder a esta cuestión. Yo me inclino en favor de los pensadores que sostienen que sí, que los pueblos tienen espíritu, tienen alma y que ese espíritu se desarrolla a través del tiempo. El alma o espíritu de un pueblo está conformada por aquellos rasgos comunes de sus pobladores, los que presentan cierta permanencia a través del tiempo y lo identifican.

Y ¿cómo es el espíritu de los santaelenenses?.

Seguramente habrás escuchado cuántas características descalificantes nos son atribuidas a los pobladores de Santa Elena. A modo de ejemplo menciono algunas que escucho con frecuencia: los santelenences son “lieros”, conflictivos, pretenciosos, haraganes, vagos, ladrones, borrachos, no tienen iniciativa propia, les gusta que los manden…Pero ¿Quiénes son las personas que así nos designan?, ¿conocen nuestra historia y cultura para desde allí “entendernos”? o ¿construyen su visión desde noticias que publican los medios de comunicación, generalmente mostrando lo peor que tenemos como ciudadanos?.

Esas atribuciones no tendrían relevancia si solamente quedaran en un opinión, pero lo nocivo para nuestro sentimiento de comunidad es que solemos asumirlas como ciertas y abarcativas de “todo” nuestro ser espiritual colectivo. Digo nocivo no solo porque hieren, sino también porque velan los rasgos positivos que poseemos, las fortalezas y capacidades que tenemos como comunidad.

Entonces ¿cómo hacer para saber cuál es nuestro espíritu?

No es mi intención en este artículo dar una respuesta acabada sobre el tema, pero sí compartir algo de lo que vengo sondeando hace algún tiempo en torno a él.

La conciencia de los pueblos depende del saber que de sí mismo tiene. Lo que sabemos de nosotros mismos como pueblo lo encontramos en el conocimiento de nuestra historia y del arte (expresión del pasado y del presente).

Empecemos por ver qué encontramos en esta fuente: el arte, más específicamente las canciones populares que son la clave para entender el alma de un pueblo (Herder). Existen muchas que hablan del hombre y la mujer santaelenense. En ellas he encontrado que se les asigna, entre otros, estos rasgos:

  • poco apurado,
  • humilde,
  • conocedor de su vecino,
  • creyente, devoto
  • amante del paisaje, la amistad y la comida casera,
  • pícaro,
  • que no se resigna a la partida de su ciudad ni a perder sus sueños (soñador),
  • que espera (por aquel que debió partir y se alegra con su retorno),
  • que sostiene la esperanza en un futuro mejor
  • gente que no se entrega, luchadora,
  • de hogares tibios, cálidos
  • gente maltratada, golpeada, humillada, apenada
  • trabajador,
  • que no se achica ante los obstáculos del destino,
  • cantor,
  • que no niega de donde nació,
  • que le gusta contar cuentos…
  • mujer: bella, joven, amante

Sigamos ahora por considerar otras fuentes: las referencias históricas. No puedo dejar de referirme al análisis que hace don Roque Casals1 sobre las históricas condiciones de vida de los santaelenenses, desde los orígenes del poblado hasta la creación de la Municipalidad (1871 a 1952). Fue un lapso de 81 años, que el autor describe como una vida “sin libertad e independencia para resolver los propios problemas o llevar adelante cualquier tipo de proyecto de vida comunitaria o personal…una suerte de sometimiento y subordinación colectiva a las normativas y condiciones de vida impuestas desde la administración del frigorífico, sobre todo en tiempo del patrón inglés”.

Tomando las afirmaciones de don Casals podríamos preguntarnos: ¿conservamos hoy el espíritu de sometimiento y subordinación como herencia del pueblo que fuimos en aquellos años? O en todo caso ¿cómo han evolucionado hasta el presente estos rasgos?. Desde el “patrón inglés” muchos otros “dueños” han pasado por la administración del frigorífico y a medida que la vida institucional fue creciendo en nuestra ciudad, también han surgido distintos referentes que al frente de las instituciones han querido “dirigir” los destinos de Santa Elena. ¿Nos hemos sometido siempre al modo que este pueblo lo hizo con el “patrón inglés”?.

Integrando todas estas fuentes me atrevo a esbozar una respuesta abierta a la pregunta inicial: el alma del pueblo santaelenense que describen los cantores de nuestro cancionero popular no se contradice con aquella que nos relatan los historiadores, más bien se complementa. Considero que todos los aspectos mencionados por nuestros cantores, en especial el carácter de LUCHA Y ESPERANZA son los que nos están permitiendo sobrevivir a las condiciones de humillación, maltrato y explotación a las que nos han pretendido y nos pretenden someter los “patrones del poder”. Es un “espíritu de lucha CON esperanza” que parecería manifestarse en nuestros días de un modo particular: con menos estridencias que aquellas llevadas a cabo para la reapertura del frigorífico, pero constante y firme en la búsqueda de una Santa Elena mejor.

Y si sos de los que piensan que nuestro espíritu de lucha está dormido, quisiera regalarte este poema:

LOS INSIGNIFICANTES

Si mi pueblo calla, apostado en una ruta de despojos

no es resignación, ni cobardía, ni tibieza.

Es que aparca la marcha, sin bajezas

para aliviar su asfixia opresora,

por las acciones de aquellos que lo ignoran,

le quitan y lo omiten empedernidos.

Es quietud que repone los pies adormecidos,

del tiempo caminado entre penas y en el olvido.

Si mi pueblo calla es que mira fastidioso

el festejo de señores poderosos

que se llevan el botín sustancioso

de negociados que los hacen triunfantes

como resultado de negociados constantes

mientras vociferan a cada instante:

“¡No me vengan con problemas señores, solo lo nuestro es lo importante!”

Y por lo que sufre el pueblo, dicen: “Eso, eso es…¡insignificante!”

Y aquí a “los insignificantes”, hermanos míos copueblanos,

solo puedo regalarles mi voz sin estridencias,

son susurros al oído, palabras de querencias,

que rescatan la memoria: manantial de la conciencia;

son relatos de la simplicidad de nuestra diaria existencia

y de sueños anudados que buscan trascendencia.

Quiero tomar tus manos llagadas de dolores, pueblo mío,

y llorar con tus lágrimas que lavan aflicciones,

y en nuestro silencio acompasado de emociones

acurrucarme en tu latencia esperanzada,

para asirme a tu candor acollarada

con dulzor de noche apaciguada.

Llegará el día en que “los insignificantes”

liberen el suspiro ahogado,

y será brillar con resplandor prolongado

para luego levantar juntos nuestras miradas

e inclinar el alma apasionada

hacia las utopías que aún no fueron alcanzadas

Y aquí “los insignificantes”,

ni muertos, ni inertes, ni tampoco distraídos,

nos ocupamos en sostener lo que aún no se nos ha sustraído,

y madurar lo nuevo que abrirá caminos.

Y aquí “los insignificantes” : ¡ cuánto ya lloramos, ya suplicamos y fuimos grito!

Hoy sopesamos las fuerzas para ir gestando un propio estilo,

que no sea ni prestado, ni hipotecado ni con paternalismos,

sino libre de los enredos de los que nos han sometido.

¡Que me importan los extraños que nos juzgan con prejuicios!

¡Que se callen la boca, que se lleven su bronca y sus viles artificios!

¡Dejen en paz a “los insignificantes”!

¡Haremos nuestro propio destino!

¡Sin engaños ni migajas de los que nos han vendido

para enriquecerse con lo nuestro, dejándonos empobrecidos!

Mirna Segovia

(Inspirado en la atribución que hizo uno de los protagonistas de las disputa por el campo Casa Nueva, quien tildó a los problemas de los pobladores que viven en torno a la estancia como “insignificantes”)

1 Casals Roque: Santa Elena-Entre Ríos .Reseña general histórica, social y cultural”. Ediciones del Cle 2015