¿Cómo hiciste para seguir?

Por Mirna Segovia.

El dolor ante la muerte de seres amados, las separaciones, las enfermedades graves o terminales, los accidentes, el alejamiento de seres queridos, la pérdida del trabajo, las traiciones y los desengaños…¡tantos problemas que nos aquejan!

Las personas siempre, naturalmente, han buscado la solución a sus dificultades.

Es imposible que alguien quede quieto ante un problema; la gente se mueve intentando de una o de otra forma salir de ellos.

Pero entonces ¿por qué hay quienes dicen estar cansados, no querer luchar más, e incluso pensar en quitarse la vida?

No hay una respuesta única que pueda explicarlo.

Se suele llegar a estos estados límite cuando la persona ha intentado solucionar de diferente modo su situación sin los resultados que esperaba, y queda atrapada en una visión de fatalidad y desesperanza que lo lleva a tomar una decisión terminante para circunstancias que pueden ser modificables.

Dije visión de fatalidad.

Dije visión de desesperanza.

Dije tomar una decisión.

Dije circunstancias que pueden ser modificables.

¿Y por qué lo puntualizo?

Porque dar sentido (una visión) a un evento y tomar decisiones al respecto son “tareas psicológicas” que tenemos cada día, cada instante. Pero ese sentido, esa visión de los hechos, se basa en aprendizajes que construimos desde niños. Sí, desde niños.

Ya sea con el ejemplo o con las palabras recibidas (de nuestro entorno familiar, o de grupos a los que pertenecemos, de los maestros, de los guías espirituales) todos fuimos asimilando, aprendiendo, una actitud ante las circunstancias vividas.

Los seres humanos tenemos una fuerte tendencia a imitar y esto es un modo de aprendizaje. Pero no somos simples imitadores, podemos recrear aquello observado en los demás.

Incluso la música, los videojuegos, las noticias, la ficción televisiva o cinematográfica son fuentes de influencia emocional y nos presentan modelos de “visión”, de “sentido”.

El uso que se hace de los medios de comunicación y de las redes sociales para la divulgación de modos de resolver problemas también va impactando en las personas. ¡Cuánta pelea es habitual ver!, ¡cuánto de amarillismo, de fatalidad y desesperanza presentan!

¿A cuáles de esos modelos atendemos? ¿Cuáles valoramos como positivos o negativos para nuestras vidas? ¿los analizamos o los “absorbemos” como esponja sin preguntarnos por su significado?

El ejemplo y palabras de los demás, las posibilidades de imitar, la posibilidad de dejarnos influenciar por otras personas, por los medios de comunicación: todo, todo esto está al alcance de nosotros, cada día.

Lo que entra por nuestros ojos y nuestros oídos alimenta el alma. ¿Cómo la estamos alimentando?

Busquemos fuentes de sentido positivo para nuestra vida. Están a nuestro alrededor. Miremos, imitemos, aprendamos de esas personas que han sabido sortear los escollos de la existencia con lucha denodada y vivificadora. ¡¡Peguntémosles, seamos “preguntones del cómo”!

¡¿Cómo hiciste para seguir?!

Yo misma he aprendido de mis pacientes y de sus luchas de superación, de las personas mayores con vidas intrincadas, del valor de niños con enfermedades raras y de jóvenes sanados por la fe en Dios y la amistad.

Y cuando las fuerzas parezcan terminarse, preguntémonos también a nosotros mismos:

¿Cómo hicimos alguna vez para seguir?

Porque todos, toditos todos, en nuestra experiencia pasada, hemos salido de situaciones difíciles sacando lo mejor de nosotros, solo que a veces olvidamos cuales han sido en esos momentos nuestras fortalezas.

¿Cómo hiciste para seguir?

Lo hice por un amigo…

Por mis padres…

Por mis hijos…

Por mis nietos…

Por mis perros…

Por mis plantas…

Por un mundo mejor…

Por un mundo más humano…

Con mi Dios…

Con mi fe…

Buscar un motivo positivo para seguir, nos hace seguir en el camino de la vida.

Mirna Segovia

Septiembre de 2021