¿Por qué los precandidatos no hablan de narcotráfico ni corrupción en Entre Ríos?

María Eloísa Quintero es abogada, investigadora y consultora. Regresó a Paraná luego de más de 20 años de trabajos y experiencias en Colombia, Guatemala y México sobre temas de corrupción y narcociminalidad.

Actualmente, es consultora experta con proyectos en marcha con Colombia (Justicia Espacial para la Paz) y México (con la Fiscalía, USAID y Fundación para la Justicia), en los casos de masacres de migrantes y desaparición forzada. Habló de las enseñanzas del trabajo en aquellos países y de los problemas y desafíos que enfrenta la Argentina al respecto.

Ante la consulta que fue elegida para el título de este artículo, la especialista respondió: “Me parece que salpica para todos lados el tema y entonces es meterse en una camisa de once varas que para nada beneficia. Creo que es una visión estratégica de cada uno de los partidos, nos han distraído con temas que son más bien superfluos, pero este tema es demasiado árido en el cual todos están salpicados”.

A continuación, la entrevista realizada en “Cuestión de Fondo” de Canal 9 Litoral:

-Trabajaste mucho siempre corrupción, narcocriminalidad ¿por qué optaste por esa línea?
-Los temas se fueron decantando. Mi formación fue siempre en derecho penal, tal vez por la condición de migrante, porque desde el 98 estoy fuera de Argentina, me sentí identificada y empecé a viajar bastante en Centroamérica, que tiene un problema grande en el vínculo que se establece entre migración, tráfico, trata y crimen organizado. Entonces creo que esa realidad que me tocó trabajar, invitada a veces por la Fiscalía o por ONG o por organismos internacionales me fui acercando al tema corrupción.

-¿Cuál fue la experiencia más compleja que te ha servido para aprender? ¿Lo que viste en México, en Guatemala, en Colombia? ¿Dónde notaste un escenario más complejo de estos temas?
-Es difícil responder, porque cada uno tiene sus aristas. Me acuerdo de Colombia, donde trabajé bastante desde 2003 cuando recién estaba empezando Uribe y se estaban dando resultados positivos, pero había mucha violencia en las calles todavía, y estaba dándose el contexto de los “falsos positivos”, nos enteramos después, por qué se daban esos resultados, a costa de qué y de quiénes. Entonces esa Colombia con el Ejército en las calles, me pareció un momento difícil para trabajar y para salir.

-¿Y dónde consideras que se pudo avanzar mejor, que las políticas que se aplicaron pudieron desterrar parte de esas estructuras corruptas?
-Creo que Colombia hizo un gran esfuerzo y algunos sectores pueden hablar de logros sostenidos en el tiempo. Lo que pasa es que fueron a costa de muchas violaciones a los Derechos Humanos para un sector muy grande, y entonces a corto plazo podemos ver un orden, una sociedad muy disconforme y con toda la razón y a largo plazo ahora con muchos desafíos de investigación, de imputación, cómo imputar tantos crímenes a altos mandos y cómo abordar tantos casos sin dejar afuera a otras víctimas. Eso es algo que estamos trabajando, desde la teoría y desde la práctica.

-¿Y cuánto de distantes estamos los países de esta región de esos países de esa región?
-Cuando me fui estábamos bastante más lejos, en esa época más allá de la inocencia que una podía tener, con otra edad, hoy vemos que nos estamos acercando bastante, porque estos países que tienen enquistada la corrupción y que tienen grandes descontentos sociales por las injusticias que se ven, tienen características que hoy lo estamos viendo hace unas cuantas décadas. Ese control de poder, la concentración del poder, la falta de control real a las instituciones privadas y públicas. El tercer elemento tiene que ver con el ejercicio discrecional de muchos actos, la falta de control de los partidos políticos de una manera eficiente, transversal y no lineal, todas esas cosas que vamos viendo y eran los detalles de caldo de cultivo que permitieron, por ejemplo, a México llegar hasta donde llegó, vemos que se están repitiendo en muchos de nuestros países latinoamericanos y no estamos lejos. El cuarto elemento que me parece muy importante, que si a todos los anteriores le sumamos la sensación o la certeza de impunidad que va a tener uno si se porta mal. Y el quinto, estas pautas culturales de tolerancia a la corrupción. Esos cinco elementos ya los tenemos presentes. Entonces no estamos tan lejos. Tal vez sí en la práctica no podemos comparar lo que es México con Argentina. México tiene otros índices de violencia, de corrupción, de enquistamiento.

-Uno lo que nota es que hay una clase dirigente en nuestra América que se subordina a esas estructuras de corrupción, del narcotráfico, y como que son pocos los que se animan a desafiarlos. Y muchos de los que los desafiaron terminaron siendo asesinados.
-Ese es un tema que tiene explicación desde el financiamiento electoral, me parece a mí, desde mi punto de visa. En este transitar por distintas regiones, en un tiempo estuve viviendo en Guatemala, trabajando para lo que se llama Comisión Internacional contra la Impunidad, que ya terminó, estuvo 12 años y no se quiso renovar por problemas de corrupción, de impunidad del gobierno de ese momento. Cuando trabajábamos ahí, con mucho tino sobre todo el comisionado final empezó a abarcar lo que es el financiamiento electoral ilícito. Guatemala, a diferencia de Argentina, tiene el financiamiento electoral ilícito abordado no solamente desde lo administrativo sino desde lo penal. En realidad, los políticos o no se enfrentan o se subordinan, que son dos formas de cooperar, pero porque los lazos vienen desde antes. Entonces si queremos atajar y llegar a un contexto de políticos un poco más libres, hay que empezar por un verdadero control de lo que implica el financiamiento electoral, con una perspectiva de un sentido integral, más macrocriminal, porque no se da el financiamiento de manera lineal. Nosotros lo que estudiábamos eran muchos casos macro, se disolvieron partidos políticos, teníamos casos penales sentenciados y con las personas detenidas, y en esos casos veíamos en realidad que cuando uno empieza a enfocarse es más trasversal el fenómeno de lo que uno cree. Si la persona tiene que elegir más allá del sentido partidista está el sentido económico. En lo económico generalmente cuando se ven esos financiamientos ilícitos confluyen hasta la oposición.

-¿Y cuánto tienen que ver en esto el rol de los que integran la Justicia?
-Muchísimo. Porque en realidad, si se quiere hacer una lucha fuerte contra la impunidad el poder de la magistratura tiene que estar presente. En Guatemala, para poder hacer esto, se crearon jueces que se llamaban “jueces de mayor riesgo”. A sabiendas que el rol del juez ya es indispensable y tiene un gran sentido de presión y riesgo de todo aspecto, se crearon jueces con un sistema de protección especial y una selección especial para que puedan hacer frente a estos macro procesos. Porque sin jueces de esta índole no se puede avanzar. Uno necesita como investigador, policía, una orden de allanamiento, que no se escapen las personas, que no fluya la información.

-Gente preparada, profesionales, porque están expuestos a la tentación o los tentáculos del sistema de la corrupción, que uno sabe dónde puede empezar, pero no sabe dónde termina.
-No solamente están tentados, sino que están sometidos a una situación de riesgo. Es muy fácil presionar a un periodista, a un político, etcétera, entonces hay que darle un marco.

-Y comprar, la compra de conciencia en esto es lo que más funciona para el desarrollo de esa estructura.
-Aún contando con gente comprometida, también hay que sostenerlo, porque uno tiene familia, padres, hermanos, hay que darles una contención.

-Este domingo tenemos elecciones PASO. En esta provincia, ninguno de los candidatos habla de corrupción ni de narcotráfico ¿por qué? Con casos que conmocionan a la provincia.
-Me parece que salpica para todos lados el tema y entonces es meterse en una camisa de once varas que para nada beneficia. Creo que es una visión estratégica de cada uno de los partidos, nos han distraído con temas que son más bien superfluos, pero este tema es demasiado árido en el cual todos están salpicados.

-Pero también es un desafío que debe tener la dirigencia de poner en esos lugares a gente no salpicada. Ese juego de poder lleva a eso, también como un mensaje para la Justicia.
-También es un tema difícil con un costo político grande a mediano y largo plazo encarar de verdad lo que es el combate de la corrupción, entonces es todo un desafío que los partidos no lo quieren encarar. Estoy convencida que en los países donde más o menos han hecho la lucha, cito otra vez a Guatemala, en realidad fue un movimiento social, no de partidos, un movimiento pedido por las víctimas apoyado en su tiempo por empresarios, por comunidades indígenas, y cuando ya llegó a la Justicia y a los políticos ya estaba gestado y que sólo así el político se anima a encararlo. Desde mi humilde opinión creo que por ahí va el tema porque ya hay todo un consenso y se lo están pidiendo, entonces así pasó y al final se gestó un proyecto con ayuda de la Comunidad Internacional, de la ONU para la cual trabábamos, porque ya lo pedía la sociedad. Estamos en un período de descontento y de tolerancia, me parece, una tolerancia a regañadientes, pero es un tema que hoy no sé si da puntos.

-Más allá que hace más de 20 años que no estás viviendo en Paraná ¿qué es lo que más te ha sorprendido en esta última etapa respecto de corrupción, justicia y clase dirigente en Argentina?
-Lo que más me sorprende es la desinformación o la información tergiversada que se da sobre ciertas cosas, porque no apoya ninguna justicia, ni al que hace justicia ni al que está realizando abuso de la justicia para sus intereses políticos. Esta semana, por ejemplo, se hablaba del caso del asesinato o no de un testigo protegido. Y entonces yo escuchaba el caso y decía “dígannos la información completa”, porque si es un caso de testigo protegido que se sale del sistema de protección, todo sistema de protección tiene pautas y son la voluntariedad. Si uno sale y decide abandonarlo. Siempre la información está tergiversada o ensuciada.

-El tema es que esa persona que fue asesinada en Rosario, había tenido cinco atentados en los últimos años. Entonces uno se pregunta ¿qué pasa? Si es un testigo protegido que era clave para un juicio que se hace dentro de pocos meses ¿por qué no se lo cuidó como se lo tenía que cuidar?
-Ese es un tema. Pero también tienen que decir si estaba o no estaba dentro del sistema de protección, porque es voluntario, entonces por más que si el Estado me quiere cuidar, porque eso nos pasaba con muchos de los detenidos que teníamos, uno de ellos salió, se escapó del sistema de protección, se fue a tomar un café y lo mataron. Hay un punto que es la voluntariedad. Si el sujeto se quiere abrir tengo que darle las condiciones de protección, pero ya no está en el sistema. Pero lo que más me sorprende es la desinformación que hay sobre ciertos temas. Entonces uno no sabe hasta qué punto enojarse, no enojarse, creer, no creer, y eso no ayuda. Me sorprende que muchas cuestiones que antes se entendía,, hoy se critican mucho porque tienen que ver (por ejemplo) con los Derechos Humanos, como si en otros países del mundo no cuidaran esos Derechos Humanos, entonces al final hay una exigencia al sistema de justicia, que muchas veces es justa porque el sistema es lento, no siempre responde como debe responder, pero también se exigen cosas como si no se aplicara en Argentina las mismas leyes que en todos lados, que las protección a los Derechos Humanos, que el reo necesita esto, que la víctima necesita esto, y en ese juego de enojo también nos dan información desviada.

-¿Cuánto te sorprendió lo que sucedió en el Municipio de Paraná en su vinculación con el narcotráfico?
-No sé si la respuesta es sorpresa, sino que es algo que se comentaba la situación de Paraná. Me dio gusto saber que se pueden llevar adelante investigaciones, que esas investigaciones son serias, que se pueden tomar decisiones, se demostró que a veces la justicia funciona, entonces más que sorpresa es una sensación positiva de gratificación.

-Paralelamente había un mensaje de que pasaron cosas que no pasaron nunca y que suceden siempre en muchos estados de México, o en Colombia, donde un grupo narco se enquista en un estado municipal y comienza a desarrollarse. Eso no había pasado nunca en Paraná y solamente había pasado en Argentina en una localidad de Corrientes, pero no con la fortaleza de una estructura con más de 100 personas en el Municipio.
-Ese vendría a ser como un ejemplo de estas situaciones que en paralelo se van dando y parece que nos vamos acercando a una situación como la mexicana. Creo, insisto, que no estamos como México, pero estos son los fenómenos que se empiezan a vislumbrar. Son preocupante, por supuesto.

-Esa misma estructura se quiso meter en un gremio, querían meterse en otros gremios, en clubes barriales, cosas que no sucedían cuando te fuiste.
-Y es preocupante porque una vez que se abre la puerta de acceso es muy difícil de controlar, se llega a lo que se llama la cooptación de las instituciones, donde no es que se beneficia a uno de sus funcionarios, sino que parece que está saltando y bailando al ritmo de otro que es exógeno, no la propia institución, y es algo como para trabajar.

-En nuestro país ¿te consulta gente de la Justicia o de algún gobierno?
-He tenido algunas reuniones, pocas porque venía esporádicamente, he tenido algunas reuniones con la magistratura, con la Fiscalía, un poco de academia, pero creo que se debe más que anda a que estaba muy poco en el país. Ahora hace poco que estoy acá y creo que me voy a quedar un buen tiempo, pero la consulta es escasa, sobre todo la consulta sobre cómo se encaraban las investigaciones, cómo se llegaba a demostrar estas cosas a nivel macro en otros países o en otros contextos como en Guatemala, Colombia, incluso como México, con los problemas que tienen. No menciono mucho México porque no me parece que sea algo como para replicar, porque es un país que tiene toda la característica para parecer que funciona algo, sin que funcione nada, es muy difícil.

-¿Podemos salir?
-Yo creo que sí, pero hay que salirse del ámbito partidario, hay que gestar campos de acción desde la sociedad. Gente comprometida y ahí armar un grupo de trabajo donde no se permee dentro de lo posible esta forma dicotómica de ver todo porque así no se puede trabajar.

Fuente: Análisis Digital – Cuestión de Fondo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.